En la práctica del Trabajo Social, el concepto tradicional de diagnóstico remite a una fórmula sencilla: un profesional con cierta competencia ligada al saber y al hacer, emite un juicio en el que se ha sintetizado e interpretado la naturaleza y magnitud de las dificultades -necesidades de una persona, familia, grupo o comunidad. Esta visión no incorpora la dimensión relacional y cooperativa del encuentro entre el profesional y la persona en el marco de una relación de ayuda. Desde la cibernética de segundo orden, la de los sistemas de observación, lo que los profesionales creen, piensan y valoran (como profesionales y como personas), influye en la visión que vamos a construir de la persona/familia. Si se produce la subjetividad, ¿qué impide que la valoración de la situación problema pueda co-construirse colaborativamente entre el profesional y sus clientes? Desde esta perspectiva, podemos hablar de diagnóstico colaborativo. El trabajo recoge los resultados de la aplicación práctica, en condiciones experimentales y en la práctica diaria de los profesionales, de los criterios para desarrollar un co-diagnóstico. Es útil para orientar las conversaciones con los clientes y está abierto a los ajustes que cada relación necesita en su contexto.
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